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En la palma del corazón

agosto 26, 2018

Noémie Faligant – Rafael Galdámez

« El tambor es como una barca espiritual que permite pasar del mundo visible al invisible. Está ligado a los símbolos de la mediación entre cielo y tierra.
El tambor del chamán, adornado con figuras simbólicas, es por sí solo un microcosmos: es el caballo del chamán, que lo transporta en los viajes místicos. Marca el ritmo de su sesiones de magia; es un instrumento de éxtasis y de posesión.

 

En la palma del corazón I, técnica mixta, 30x30 cm, 2018

En la palma del corazón I, técnica mixta, 30×30 cm, 2018.

En la palma del corazón II, técnica mixta, 30x30 cm, 2018

En la palma del corazón II, técnica mixta, 30×30 cm, 2018

 

Está científicamente demostrado que escuchar el ritmo monótono de los tambores facilita la producción de ondas cerebrales de rangos alfa y theta. Muchos nativos se refieren al sonido del tambor del chamán como a “el latido de la tierra”. En este aspecto, es de destacar que la frecuencia de la resonancia electromagnética de la tierra; que ha sido medida en 7,5 ciclos por segundo, resulta equivalente a las ondas cerebrales theta. Parece que el sonido del tambor permite a los chamanes alinear sus ondas cerebrales con el latido de la tierra.

 

En la palma del corazón III, técnica mixta, 30x30 cm, 2018

En la palma del corazón III, técnica mixta, 30×30 cm, 2018

En la palma del corazón IV, técnica mixta, 30x30 cm, 2018

En la palma del corazón IV, técnica mixta, 30×30 cm, 2018

 

Para propiciar un estado mental que ayude a realizar el viaje chamánico, es necesario escuchar un sonido rítmico de 205 a 220 golpes por minuto. Este ritmo induce al cerebro a producir ondas cerebrales lentas, de entre 7 a 4 ciclos por segundo, o menos. Los chamanes describen el sonido del tambor como la voz de los espíritus. »

– Extracto de la definición de Tambor que figura en el “Diccionario de Símbolos”; escrito por Jean Chevalier.

 

En la palma del corazón VI, técnica mixta, 30x30 cm, 2018

En la palma del corazón VI, técnica mixta, 30×30 cm, 2018

En la palma del corazón VII, técnica mixta, 30x30 cm, 2018

En la palma del corazón VII, técnica mixta, 30×30 cm, 2018

En la palma del corazón VIII, técnica mixta, 30x30 cm, 2018

En la palma del corazón VIII, técnica mixta, 30×30 cm, 2018

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La luz del movimiento

mayo 27, 2017

A veces se cae la luz sobre la piel de los charcos.

Roberto López Moreno

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En el Sur de la Nostalgia(Roberto López Moreno)

septiembre 25, 2016

Hay un pintor, y signos y símbolos que en su pincel perduran. Hay un pintor de una multicolor verdad cuya patria es la nostalgia; por lo tanto las aves, los mamíferos, los reptiles, los zigzags acuáticos que acuden a su llamado pertenecen a esa astilla solar a la que llamamos Sur en donde conviven lo abrupto y la cadencia. 

En el Sur de la Nostalgia, óleo sobre tela, 80×129 cm, 2015.

En el sur de la nostalgia estamos y en ese sur convivimos los piares, el rugido y el relincho; los modos del amor y la captura de las constelaciones, lo que viene desde los principios y se fue apoderando de la atmósfera para hacerla música feraz en la que retratamos el latido. 

La dimensión de este latido, óleo sobre tela, 100×80 cm, 2016.

 

“Sabrá de mi equipaje sin luz la alcantarilla, para que despojados del plomo que me clava, caminen mis zapatos hambrientos de distancia”. Todo es abecedario que se convertirá en palabra. ¿Quién dio el primer aletazo sobre el aire? ¿Quién el primer paso que marcó el planeta?.

Carne doliente de los Adioses, óleo sobre tela, 70×90 cm, 2016.

 

El pintor nos lo va develando sobre la tierra y nosotros, que venimos polvo de ese polvo asistimos a la magia de los encuentros impulsados por la simetría de su sabihondo trajinar cromático. 

Alimento del día, óleo sobre tela, 90×70 cm, 2016.

Así es como regresamos al viento; así es como retornamos al sol, al punto del origen para ser los abuelos de nuestros padres y ellos nuestros hijos que nacerán mañana. Estamos en el sur de la nostalgia y hay un pintor que nos está enseñando a deletrearnos. 

                                     Roberto López Moreno

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Al Filo del ABISMO…

agosto 20, 2016

Al filo del abismo es un conjunto de obra plástica que en un par de décadas  representará sin duda un momento singular no solo para la plástica chiapaneca si no para su medio ambiente, para el medio ambiente de Chiapas, de México y del planeta entero.

En las piezas que hoy el joven Maestro Galdámez expone en el senado, vemos ocelotes, lagartos, manatíes, tortugas, osos hormigueros, serpientes, águilas, ranas y jaguares, además de ajolotes y colibríes.
Salvo el colibrí, todos los demás ejemplares que hoy cuelgan de estas paredes, muy probablemente solo existirán así, en imágenes dentro de veinte años y las nuevas generaciones los conocerán solamente así. Esa es nuestra tragedia relatada por Galdámez.
Pero hoy, mientras tanto, es día para celebrar el color y las texturas con la presencia de su obra en este recinto.
Galdámez es de esos chiapanecos que prometen, de esos chiapanecos que caminan el mundo dejando huella.
Galdámez es un talento que seguirá pintando y llevando el nombre de su tierra muy alto con su obra.
Galdámez es de esos personajes que pueden pasarse días enteros creando, ensimismados, contactando solo con su mundo interior y su idea del color y la forma, por eso es muy poco lo que se sabe de él, si acaso que nació en Berriozábal, que tiene 32 años y que como los grandes creadores, suele escribir en espejo, de derecha a izquierda.
Galdámez es de esos creadores que prefieren que se hable de su obra y no de él.

Zoé Robledo


Al Filo del Abismo, óleo sobre tela, 150×120 cm, 2016


La Historia del Principio, óleo sobre tela, 50×70 cm, 2015.

Vocación de primavera andando, óleo sobre tela, 90×135 cm, 2015.

Principio de vida, óleo sobre tela, 80×120 cm, 2015.

Dimensión de este Latido, óleo sobre tela, 100×80 cm, 2016.

Fruto Derramado Desde el Cosmos, óleo sobre tela, 80×100 cm, 2016.


Los que Vamos a NACER Mañana, óleo sobre tela, 100×80 cm, 2016.


Centro de todas las distancias, óleo sobre tela, 120×150 cm, 2016.

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Los Tiempos de la Ausencia 

julio 31, 2015

  La vasta pluralidad de los pueblos latinoamericanos se reduce a una misma esencia que late entre ellos desde la verdad latinoamericana (de mucho más antes aún) que los formó, los hermanó y les dio un destino común que hasta la fecha prevalece, con diversos nombres pero mínimas diferencias, con muy parecidos signos que se fueron formando desde lo preshipánico de lo que venimos hasta la actualidad, mitos religiosos y dolorosas realidades; somos pueblos hermanos que proceden de culturas hermanas que son la cultura de estas latitudes. Esto fue lo que quiso homenajear el pintor Rafael Galdámez con la presente exposición.

  Los animales no hablan, pero los nuestros pasean su presencia por este territorio del que se pretende hablar y eso unifica e identifica. Nos lleva, con Galdámez de la mano, a los primeros tiempos de los que venimos. Los hombres hablan, y unifican igual sólo que con el recurso del arte, de la poesía. En México han vivido grandes artistas colombianos, obligado es señalar la figura señera de Gabriel García Márquez, quien tantos años vivió entre nosotros, en México. Pero hay más, muchos más. El poeta colombiano Germán Pardo García se hermana con la poesía de piedra y luz de la gran Aurora Reyes y la nombra la más grande poetisa india de la América contemporánea y la misma Aurora toma la idea de Acuarimántima del colombiano Porfirio Barba Jacob y la desarrolla con belleza en uno de sus poemas.

  Aquí mismo, Galdámez con su cuadro Tapir pretende hacer un homenaje a León de Greiff, cuando desde los ojos del mamífero intenta ver los paisajes que pudo haber imaginado el poeta. México y Colombia en el eje del arte, yo mismo, en mi memoria guardo con amor mi participación que alguna vez fue en el Festival Internacional en Poesía en Medellín. La vasta pluralidad de los pueblos latinoamericanos, se reduce a una misma esencia…

                                                                          Roberto López Moreno.
                                                                                                 Julio 2015
                                                                                                 América      

   

    
 

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Nuestra eterna sed de tierra.

junio 21, 2015

De los mundos paralelos

 

Somos universo compartido entre agua, aire y fuego; somos esta tierra multiforme que se adorna con plumas, escamas y pelambres. Piamos, trinamos, graznamos sobre la partitura de la gran sinfonía en la que somos clave y cifrado, timbal que obedece y batuta que ordena. Compositor y ejecutante.

            Nuestro otro yo respira entre las líquidas espirales, bracea en las llamas que verdes adornan la corteza terrestre. Está con nosotros, junto a nosotros, dentro de nosotros en cada segundo que respiramos sobre el planeta. Ahí está nuestro otro yo, dándole movimiento a su mundo paralelo. 

            ¿Quién voló entre las ondas y los hondos del agua madre? ¿Quién fue la llama coloreando las esquinas del viento? ¿Quién vio todo esto para hacerlo magia encarcelada en el cuadrángulo?

            La tela conversó con el pintor tañendo (¿tiñendo?). Diallegos, esa tela ya sabe de qué colores laten los mundos paralelos. Todos cabemos dentro de su universo; todos somos pincel dibujando el cosmos de enfrente. Galdámez observa y sabe que es cierto. 

Roberto López Moreno


  Principio del tiempo, óleo/tela, 50×70 cm., 2015.

  Lamento de inmensidad, óleo/tela, 50×70 cm., 2015.

  La selva del hombre,óleo/tela, 50×70 cm., 2015.

Un niño de agua, un niño todavía, óleo/tela, 50×70 cm., 2015.

Principio ancestral de la vida, óleo/tela, 50×70 cm., 2015.

  Savia adentroóleo/tela, 50×70 cm., 2015.

    La porosidad del sueño, óleo/tela, 50×70 cm., 2015.

Los tiempos de la ausencia, óleo/tela, 50×70 cm., 2015.

   Promesa de luna en tus pupilas, óleo/tela, 50×70 cm., 2015.

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“El ombligo de la luna”

abril 25, 2015

EL COLOR SURESTE DEL PLANETA

Roberto López Moreno



Rafael Galdámez es un pintor contemporáneo chiapaneco, es decir, es otro de los grandes poetas de por acá, que son, que han sido y que a través de los años nos seguirán diciendo como es que se mueve la vida sobre el planeta y dentro de nuestra imaginación. Poeta del color pues, poeta de los latires que en Chiapas nos envuelven entre plumas y piares, entre escamas y  cronométricas filosofías del nado que van desde las fuerzas hidráulicas hasta las inabarcables corrientes del sueño.    

  Esencia de los grandes poetas de Chiapas dije. Y para ello violenta los lenguajes primarios, los hace geometría del color acercándose en sus tonalidades a las ensoñaciones de los fauvistas (tan aquellos y tan nuestros también)por ejemplo, si tuviéramos que buscar referencias de tonalidades desde las cuales hubiera partido hacia sus mitologías zoológicas. Un expresionista abstracto. Acerca de estotendríamos que decirárarbacomo él procede en sus telas.

 ¿Quién pinta?, ¿tales poetas poniéndonos en cada caso una flor en llamas entre las manos? o ¿quién hace el poema, el pintor cargado de voltios, esgrimiendo su sintaxis colorida?

  La atmósfera de Galdámez es la que respiramos los chiapanecos por solo el milagro de haber nacido en Chiapas(y los que no, ya lo supieron en Praga), su zoología nos recuerda que vivimos en un mundo real y mágico al mismo tiempo; sus mamíferos, sus aves, sus trajinares acuáticos  nos hacen también sentirnos dueños del predio sorprendente, de las rutas aéreas (azules en brasas), de las profundidades marítimas, lacustres y heráclitas.

  Donde Galdámez trabaja su teurgia, un torrente de formas y colores nos vuelve a componer la vida, energía paralela que hace de nuestra cotidianidad, metáfora de su pintura. No nos quedaremos inmóviles ante el impacto calculado, pues lo más lógico en estos casos, es que nos apoderemos de sus pinceles, de la visión mágica de su mundo y del mundo. terminemos aseverando cada uno: “yo soy Rafael Galdámez, soy el Sureste que habla, el Sureste del planeta; porque el planeta también tiene Sureste y somos él, Galdámez, y al mismo tiempo, somos lo más asombrado del nosotros.




  “La noche de los tiempos”, óleo/papel, 50×70 cm., 2014. 

Carbón encendido en la memoria, óleo/papel, 50×70 cm., 2014.
 

 La danza ardiendo, óleo/papel, 50×70 cm., 2014.


    La fuerza necesaria para encender el día, óleo/papel, 50×70 cm., 2014. 


  Mientras no mueras seguiremos vivos, óleo/papel, 50×70 cm., 2014.

 

  Morada del colibrí, óleo/papel, 50×70 cm., 2014. 


Yo fui el elegido para saciar la sed de Dios, óleo/papel, 50×70 cm., 2014. 

 

Camino transitado tantas veces, óleo/papel, 50×70 cm., 2014. 

   Átomo de todo génesis, óleo/papel, 50×70 cm., 2014.